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Quería trabajar en Latinoamérica
después de haber trabajado mucho en dos pueblos del País Valenciano,
Balones y Quatretondeta, en la comarca del Comtat, con apenas
setecientos vecinos entre los dos. Allí dejó feligreses, amigos, y una
buena parte de sus jóvenes estudiando en la Universidad. Y lo hace
porque una orden del Obispo así lo dispone: la obediencia debida lo
instala como capellán en el Hospital de la Marina de El Ferrol
(Galicia). |
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Antonio había dicho en alguna
ocasión que le gustaría ir de misionero a Latinoamérica. Y llegó a
las parroquias de Nuestra Señora de los Desamparados y de la Medalla
Milagrosa en Quillota, diócesis de Valparaíso, donde ya trabajaban
algunos sacerdotes valencianos. Era el verano de 1969. |
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Aquí lo encontró el golpe de
Pinochet. El obispo de Valparaíso, uno de los más integristas de
Chile, le había invitado antes a abandonar el país y ante su negativa
le suspendió en el ejercicio de sus labores sacerdotales.
Pero él siguió a lo suyo, a hacer verdad aquello de que es mejor enseñar
a pescar que no repartir peces y, con el golpe de Pinochet, tuvo que
refugiarse en la clandestinidad del Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (MIR). Lo detuvieron en 1974, en los primeros días de
octubre. Luego lo llevaron de un sitio a otro, de un centro de tortura a
otro centro de tortura. |