Antonio Llidó Mengual nace en Xàbia, Alicante (España), el 29 de abril de 1936. Fue cura antes de que en 1974 se convirtiera en un "desaparecido".
Cinco años atrás había llegado a Chile.
  Quería trabajar en Latinoamérica después de haber trabajado mucho en dos pueblos del País Valenciano, Balones y Quatretondeta, en la comarca del Comtat, con apenas setecientos vecinos entre los dos. Allí dejó feligreses, amigos, y una buena parte de sus jóvenes estudiando en la Universidad. Y lo hace porque una orden del Obispo así lo dispone: la obediencia debida lo instala como capellán en el Hospital de la Marina de El Ferrol (Galicia).
   
  Antonio había dicho en alguna ocasión que le gustaría ir de misionero a Latinoamérica. Y llegó a las parroquias de Nuestra Señora de los Desamparados y de la Medalla Milagrosa en Quillota, diócesis de Valparaíso, donde ya trabajaban algunos sacerdotes valencianos. Era el verano de 1969.
Aquí lo encontró el golpe de Pinochet. El obispo de Valparaíso, uno de los más integristas de Chile, le había invitado antes a abandonar el país y ante su negativa le suspendió en el ejercicio de sus labores sacerdotales.
Pero él siguió a lo suyo, a hacer verdad aquello de que es mejor enseñar a pescar que no repartir peces y, con el golpe de Pinochet, tuvo que refugiarse en la clandestinidad del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Lo detuvieron en 1974, en los primeros días de octubre. Luego lo llevaron de un sitio a otro, de un centro de tortura a otro centro de tortura.
 La última fecha en la que sabemos que fue visto es el 25 de octubre de 1974, cuando lo sacaron de la prisión de Cuatro Álamos. Desde ese día, Antonio Llidó es un "desaparecido". Uno de los miles que viven en ninguna parte desde entonces. Bueno, viven en la memoria de los suyos.